¿Sabemos diferenciar entre apego y dependencia emocional?

¿Sabemos diferenciar entre apego y dependencia emocional?

El psicólogo Walter Riso define el apego como “un vínculo obsesivo con un objeto, idea o persona que se fundamenta en cuatro creencias falsas: que es permanente, que te va a hacer feliz, que te va a dar seguridad total y que dará sentido a tu vida. Cuando tienes un vínculo de este tipo no estás preparado para la pérdida y no aceptas el desprendimiento.”

El apego es un lazo afectivo fuerte que sentimos por personas especiales en nuestra vida, que nos lleva a sentir placer y alegría cuando interactuamos con ellas y nos alivia su cercanía en momentos de estrés. Es una relación duradera, estable y relativamente consistente.

Cuando un bebé nace, desarrolla toda una serie de conductas que están destinadas a establecer un vínculo de apego con aquellas personas conocidas que han respondido a su necesidad de cuidado físico y estimulación. El apego no tiene que ver con la necesidad de ser alimentado, sino con la sensación de protección emocional: el bebé se siente aceptado y seguro de forma incondicional. Es fácil observar a niños y niñas durante los primeros años de edad y fijarse cómo buscan a sus padres para que les presten una atención especial, por ejemplo, cuando el padre entra en la habitación y el bebé sonríe ampliamente; o cuando éste se siente ansioso o con miedo, cómo busca a su madre para abrazarse a ella.

La dependencia, en cambio, es un patrón persistente de necesidades emocionales insatisfechas que se intentan cubrir, de una forma desadaptativa, con otras personas (Castelló, 2000). Es decir, es un estado de apego extremo o enfermizo que una persona siente hacia otra, ya sea pareja, familia, amistad, …

Según algunos autores, la dependencia emocional afectaría a un 10% de la población.

Existe un vínculo entre apego y dependencia emocional, de ahí la importancia de saber diferenciarlos, y es que, será el tipo de apego que se ha vivido durante la infancia el que influya en el tipo de relaciones que, de adultos, mantengamos con los demás. Aquellos niños y niñas que hayan conseguido un buen vínculo de apego, a medida que vayan creciendo, podrán ser más independientes, seguros y autónomos, lo que les permitirá actuar por ellos mismos y desarrollarse sin complejos, experimentando sus propias sensaciones y vivencias.

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