¿Qué entendemos por emoción?

¿Qué entendemos por emoción?

La palabra “emoción” está relacionada con el verbo “mover”, con movimiento o moción. Es decir, sin emociones no nos movemos. La función de las emociones consiste en “contribuir, de alguna forma, al funcionamiento general de la mente”. Asimismo, se considera que la función de la mente no es otra que la de “orientar el comportamiento”.

En general, hay bastante acuerdo en definir la emoción como un “estado complejo del organismo, caracterizado por una excitación o perturbación, que predispone a una respuesta organizada. Las emociones se generan como respuesta a un acontecimiento externo o interno”. Entre los acontecimientos externos que, en mayor medida, provocan emociones, están las relaciones sociales. Respecto a los acontecimientos internos, se encuentran los pensamientos, los recuerdos o las sensaciones propioceptivas (por ejemplo, un dolor intenso en el corazón).

Según Goleman, la herencia genética nos ha dotado de un bagaje emocional que determina nuestro temperamento. También afirma que son las emociones las que nos permiten afrontar situaciones demasiado difíciles como para ser resueltas exclusivamente con el intelecto. Cada emoción nos predispone de un modo diferente a la acción. Nuestras decisiones y acciones dependen tanto de nuestros sentimientos como de nuestros pensamientos.

Todas las emociones son, en esencia, impulsos que nos llevan a actuar, programas de reacción automática con los que nos ha dotado la evolución. El estudio de Goleman demuestra la forma en que cada emoción predispone al cuerpo a un tipo diferente de respuesta:

  • El enojo aumenta el flujo sanguíneo a las manos, también aumenta el ritmo cardíaco y la tasa de hormonas que generan la energía necesaria para acometer acciones vigorosas.
  • En el caso del miedo, la sangre se retira del rostro y fluye a la musculatura esquelética larga. Al mismo tiempo el cuerpo parece paralizarse. Aunque sólo sea un instante. Las conexiones nerviosas desencadenan una respuesta hormonal que pone al cuerpo en estado de alerta.
  • La felicidad aumenta la actividad de un centro cerebral que se encarga de inhibir los sentimientos negativos. En este caso no hay un cambio fisiológico especial. Esta condición proporciona reposo, entusiasmo y la disponibilidad para afrontar cualquier tarea.
  • El amor activa el sistema nervioso parasimpático, que engloba un amplio conjunto de reacciones que implican a todo el cuerpo y que dan lugar a un estado de calma y satisfacción.
  • La sorpresa y su arqueo de cejas característico aumenta el campo visual y permite que penetre más luz en la retina, lo cual nos proporciona más información.
  • El gesto que expresa desagrado transmite el mensaje de que algo resulta repulsivo, y sugiere un intento de cerrar las fosas nasales para evitar el olor o para expulsar el alimento que no nos gusta.
  • La principal función de la tristeza consiste en ayudarnos a asimilar una pérdida irreparable. Provoca la disminución de la energía y del entusiasmo.

Y así tantas otras reacciones de nuestro cuerpo ante una emoción. No debemos olvidar que estas predisposiciones biológicas a la acción son modeladas posteriormente por nuestras experiencias vitales y por el medio cultural en el que nos ha tocado vivir.

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