Neurociencia aplicada a Mediación

Neurociencia aplicada a Mediación

Tener conocimientos sobre el funcionamiento del cerebro, cómo percibe los acontecimientos, cómo se desarrollan las emociones y qué partes de nuestro cerebro están implicadas en la toma de decisiones, puede proporcionar herramientas de utilidad durante el proceso de mediación. En este contexto, los neurocientíficos están explorando el papel central de las inteligencias emocionales y sociales en la toma de decisiones, negociación y resolución de conflictos.

La neurociencia es entendida como cada una de las ciencias que, desde diversos puntos de vista, estudian el sistema nervioso del ser humano.

La mediación es un método de gestión en el cual una tercera persona (el mediador) intenta acercar las posturas de las partes en conflicto, restableciendo la comunicación perdida entre ambos.

Las emociones son un aspecto esencial en la toma de decisiones, de hecho, es el cerebro emocional el que nos permite tomar decisiones inteligentes con rapidez a través del recuerdo de experiencias anteriores; por lo tanto, los procesos emocionales y cognitivos no pueden ser separados los unos de los otros, ya que se producen de forma simultánea. Durante un enfrentamiento, en cambio, las emociones negativas sentidas pueden inhibir nuestra capacidad racional, ya que la amígdala (núcleo cerebral encargado de integrar las emociones con los patrones de respuesta correspondientes) se bloquea, interrumpiendo la comunicación entre las diferentes partes de nuestro cerebro.

En las sesiones de mediación, las partes reviven estas emociones al exponer su punto de vista sobre el conflicto, pero también las reviven a nivel neuronal, es decir, se activan los circuitos neuronales asociados a esas emociones negativas y nos bloqueamos. De ahí que no podemos pensar de modo racional y tomar buenas decisiones cuando estamos inundados emocionalmente. Por este motivo, en mediación se recomienda que, tras esta dura sesión, se establezca un periodo de “enfriamiento” antes de estar preparados para llegar a un acuerdo.

Así mismo, actualmente se ha demostrado que las emociones son contagiosas, lo que ayuda a explicar cómo (en cierta medida) es difícil sostener un comportamiento de confrontación hacia alguien que está siendo respetuoso y empático; de esta forma, una vez que las partes son capaces de escucharse y reconocerse, se hace más sencillo seguir adelante de manera conjunta con el proceso de gestión del problema.

En conclusión, entender cómo funciona nuestro cerebro, aparte de ser un área apasionante que puede aplicarse a múltiples ámbitos, también puede ayudar en la compresión de la gestión de conflictos y, por tanto, contribuir en los procesos de mediación.

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