La motivación en el aula

La motivación en el aula

Una de las diferencias individuales que más influyen en el aprendizaje de los alumnos es la motivación. Ésta, ampliamente considerada, puede definirse como el proceso de surgimiento, mantenimiento y regulación de actos que producen cambios en el ambiente y que concuerdan con ciertas limitaciones internas (planes, programas).

Es tal su relevancia que está sobradamente demostrado que puede compensar con creces limitaciones aptitudinales, no profundas, pero sí importantes de los individuos.

Una primera distinción que tenemos que hacer cuando estudiamos el tema de la motivación, es el lugar o sitio de origen de esa fuerza que impulsa al individuo. Así, ésta puede ser interna (intrínseca) o externa (extrínseca) a la persona.

  • La motivación intrínseca es aquella que trae, pone, ejecuta, activa el individuo por sí mismo cuando desea, para aquello que le apetece. Es, por tanto, una motivación que lleva consigo, no depende del exterior y la pone en marcha cuando lo considera oportuno.
  • La motivación extrínseca, por su lugar de proveniencia, es externa, es aquella provocada desde fuera del individuo, por otras personas o por el ambiente, es decir, depende del exterior, de que se cumplan una serie de condiciones ambientales o haya alguien dispuesto y capacitado para generar esa motivación.

Esta última postura se ha venido utilizando tradicionalmente para motivar a los estudiantes: si haces, estudias, lees, escribes, te portas… entonces saldrás antes, te subiré un punto, etc. Pero no siempre se conseguía motivar a los alumnos. Esta contradicción («si a alguien se le da algo a cambio por hacer una cosa, se le quitan las ganas de hacerla») nos viene a decir que, cuando se ofrece, antes de llevar a cabo una actividad, una recompensa al estudiante, su motivación para hacerla disminuirá como consecuencia de haber trasladado la atención, el esfuerzo, el valor de lo que está haciendo, a la recompensa que recibirá; ha pasado a percibir la tarea como un medio para alcanzar el premio y no como el fin en sí mismo de la actividad. Por eso, cuando se hace este tipo de planteamiento en clase, el alumno piensa sólo en acabar antes y de prisa, para conseguir lo prometido, sin importarle lo que ha hecho o cómo lo ha hecho.

Este efecto negativo depende de cuándo y cómo se recompensa al alumno: si la recompensa se promete antes de la ejecución, para algo que el alumno haría sin el menor esfuerzo, entonces disminuirá su motivación, mientras que, cuando ésta se ofrece para algo que «no gusta», surte el efecto motivador deseado.

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