La brújula emocional

La brújula emocional

“La mayoría de personas son tan felices como sus mentes les permiten ser”  Abraham Lincoln

La conciencia emocional es el primer paso en la adquisición de competencias emocionales. No obstante, dentro de la conciencia emocional hay que distinguir entre la autoconciencia y la heteroconciencia:

– La autoconciencia emocional implica tomar conciencia de uno mismo, de nuestros estados internos, emociones, sentimientos, afectos, recursos e intuiciones; es la capacidad para percibir con precisión los propios sentimientos y emociones, identificarlos y etiquetarlos; la habilidad para dar nombre a las propias emociones. Esto incluye la posibilidad de estar experimentando emociones múltiples. A niveles de mayor madurez, incluye la conciencia de que uno puede no ser consciente de los propios sentimientos.

– La heteroconciencia emocional, en cambio, es la capacidad para leer las claves contextuales de carácter emocional y captar las emociones de las otras personas, así como el clima emocional de un contexto determinado. Es la comprensión de las emociones de los demás; la capacidad para percibir con precisión las emociones y perspectivas de las otras personas, de forma que ayude a implicarse empáticamente en las experiencias emocionales de los demás.

En definitiva, la conciencia emocional implica reconocer los efectos de las propias emociones y de las emociones de los demás. Las personas dotadas de esta competencia saben qué emociones están sintiendo y por qué; comprenden los vínculos existentes entre sus sentimientos, pensamientos, palabras y acciones; conocen el modo en que sus sentimientos influyen en su rendimiento; tienen un conocimiento básico de sus valores y de sus objetivos.

La conciencia emocional nos lleva a tomar conciencia de la emoción desde la que me estoy relacionando con otra persona, que puede ser respeto, agradecimiento, veneración, admiración, amor, etc. Pero también puede ser: aversión, ira, hostilidad, indignación, rabia, odio, resentimiento, etc. Así, mi comportamiento dependerá en función de la emoción con que me estoy relacionando con la otra persona, lo cual también influye en el comportamiento del otro.

En conclusión, comprender nuestras emociones básicas y su utilidad, así como las emociones que pueden estar sintiendo los demás, nos permite dejar atrás lo que ya no nos sirve, tomar conciencia de lo que ahora necesitamos y proyectarnos de forma mucho más positiva hacia el futuro.

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